sábado, 18 de enero de 2014

Otro padre

Juan Pinilla, Mi viejo

No se si se pueda escribir con el corazón, tal vez si, aunque se puede escribir desde la rabia, desde el rencor, alguna vez se escribe desde el temor y otras desde la vergüenza, como pidiendo perdón a las palabras y a la vida. 

El que cumple medio siglo de vida sabe, que la mitad del camino esta recorrido, y todo empieza a verse en otra perspectiva, los sentimientos aparecen de una forma mas elocuente, es mas fácil llorar, caer en abismos de nostalgias, recordar mas a menudo, como si el alma antes de envejecer, madurara hacia los sentimientos.¿Síntomas de las vejez?  tal vez.

Lo pude apreciar mucho con mi padre ahora que conviví dos años mas cerca de el, de niño y de joven nunca le vi llorar, o expresar sentimientos cercanos a la ternura, uno ve a un padre a esa edad tan fuerte, aveces duro y muy compuesto, la seriedad entiendo ahora, era producto de las preocupaciones, los desafíos y la eterna angustia de forjar lo mejor posible la vida de sus hijos, y la suya propia.

Ahora que ya no tenia tal congruencia en la vida de; ser un buen padre, lograr sustentar de la mejor forma posible a su familia y crecer como persona, y que por diversas razones, se va entregando a los resultados de sus decisiones, las malas y las afortunadas, así los años pasan...

Ahora estaba listo para ver su mejor versión en la vida.

Sin duda con sus setenta y tantos años estaba frente a otro hombre, otro padre.

Nuestras conversaciones estaban situadas en otro extremo, en aquel extremo donde los sentimientos tienen mucho mas cabida, no existen reproches, no se menciona los errores ni las congojas. La madurez de los años en todo su esplendor.

Aquel dia salí de su casa con un sentimiento distinto en el corazón, un hombre, que es mi padre, había cambiado, y nuestra relación se alineo con los años, eramos mas parecidos que nunca.

No son tantos los años que nos separan, si pienso que tan solo el tenia 23 años cuando fui su primer hijo, y ahora los dos hemos pasado los cincuenta, se estrechan mas las diferencias, y la vida nos hace ver como dos destinos entrelazados.
Nos entregamos un fuerte abrazo, padre e hijo que se necesitan y se encuentran nuevamente en la vida.









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