jueves, 28 de agosto de 2014

La crítica



Un pinchazo pone en alerta nuestro cuerpo, el dolor es una experiencia sensorial y emocional, indica que estamos vivos, alertas, y vulnerables, nuestra reacción inmediata es de rechazo, la señal de alarma que algo nos puede producir una lesión mayor, inmediatamente se activan varios mecanismos en el cuerpo que cumplen con la función de evitar aquel dolor, se puede ver gráficamente al acercar nuestras manos al fuego, no hay un pensamiento programado para evitarlo, el cuerpo reacciona casi en forma automática al exponernos al calor de una llama.

El objetivo es evitar o limitar los daños y hacer frente a tal estrés, el cuerpo posee todos estos mecanismos que se defienden del dolor.

La crítica en muchos sentidos funciona como el fuego a nuestro cuerpo y el dolor que produce, el detonante que hace reaccionar a varios mecanismos cerebrales, psicológicos incluso hasta traspasar aquella molestia al mismo cuerpo, los mecanismos que se activan son varios, los principales; la furia, la rabia, el desconsuelo, la tristeza, el estrés en general que varias respuestas que nuestra mente va conformando, incluso hasta nos duele el corazón.

Como algunos tenemos más tolerancia al dolor que otros, la crítica afecta en miles de formas diferentes a las personas, es cuestión de educación, inteligencia, análisis intelectual o simple carácter dispuesto a la crítica.

Esta puede ser injusta, o sana, sin embargo puede llegar en distintos momentos afectivos de nuestra vida, cuando estamos pasando por momentos difíciles esta puede ser un desastre para nuestro ánimo, o al contrario, llega en el momento preciso para saber que hay que cambiar algo.

Tenemos cierta resistencia a la crítica, principalmente por aquellos mecanismos de supervivencia que se activan en nuestra mente, es cuando se dice que estamos a la defensiva, sabemos que puede venir algún daño, y nos preparamos para defendernos del “dolor” que produce.

Instantáneamente nuestra mente reacciona al tipo de critica que nos hacen, segundos después acomodamos nuestra respuesta, porque ella puede ser sana y positiva.

No todas las personas tienen esta capacidad y se demoran más tiempo en ordenar sus respuestas, otras no aceptan críticas y se llevan un dolor mucho más extenso.

Escucho que se han distanciados familias años, por aquella falta de capacidad de aceptarla, soy del tipo normal que entiende una crítica sana y aquella mal intencionada que solo quiere hacer sentir dolor a la contra-parte, de aquel ataque, también debemos tener los mecanismos necesarios para extirparla de nuestro espíritu, nos puede pinchar por años el dolor, y de forma irónica se nos resiente el alma y ni siquiera nos acordamos el porqué, solo sabemos que nuestro enojo sigue allí.

¿ por qué sigues enojado?  no me acuerdo, solo sé que estoy resentido, es ahí cuando sabemos que nuestro carácter tiene que enfrentar el cambio, y ajustar cierto mecanismo cerebral que no está funcionando bien. 

Algunos lo llaman tener HUMILDAD

Alguien que critica de forma inconsciente, no fue su intención, el receptor lo recibió como tal, y viene el reclamo, ¿por qué me cuestionas?

Alabo aquella persona que sin quererlo ofende con su crítica, viene y enfrenta tal situación a sabiendas que se puede encontrar con un contraataque desagradable, sin embargo lo enfrenta, averigua la situación y pide disculpas, no ha sido su intención, la humildad es una anestesia a la critica que ha causado dolor a nuestra alma,  somos soberbios y orgullosos, y una crítica siempre puede afectar nuestras vidas de una manera perdurable, entonces aquel que rompe ese hielo y arregla una situación tiene mucho valor, es humilde y hace que su crítica sea una demostración de amor por extraño que parezca.

ACEPTA UNA CRITICA SANA, siempre te hace crecer y activa tus mecanismos lógicos en tu cerebro que te haga una mejor persona, no todo el mundo te quiere ver fracasar, o mejor dicho hay más personas en el mundo que te quieren ver triunfar, de aquellos siempre recibe un consejo o una crítica de valor. 
Es mi simple opinión.


Cristian Pinilla



jueves, 21 de agosto de 2014

Aida




Ella era simple como la vida, muchas cosas sencillas del pasado que hasta hoy de alguna forma añoramos, la simpleza del cariño, la disposición a entregar amor y su enorme sentido de justicia, nuestra  familia viene de aquellos seres donde los abrazos, o los “te quiero” se entregaban solo en la despedidas, mala costumbre por cierto, en aquellos actos significativos del diario vivir, estaban aquellas demostraciones de amor que con abrazos y palabras no sabíamos proporcionar, ahora que muchos años han pasado, puede que estemos arrepentidos de todos aquellas expresiones de amor que nunca entregamos. 

Pero mi abuela tenía una cierta virtud, y original forma por cierto,  de compartir su amor, sus atenciones, su servicio y entrega por sus seres amados, esto a uno lo marca con fuego en el corazón, ella llevaba con tanta dignidad esa entrega, que se concluye que fue “su forma” de amar, aun resuena en mis oídos sus llamadas al almuerzo, o cuando los fines de semana los paseos a la playa en el bus del Toño significaban levantarse muy temprano, antes del amanecer;… ahí estaba mi abuela con el desayuno servido, -abríguese mijo, lleve esto para el camino, ¿echo la toalla?, tranquila abuela, ya tengo todo, vaya acostarse-



Entonces uno puede saber que en estos y muchos más actos de entrega, está el amor de esta mujer que muchos recordamos, lamentablemente uno llega en la etapa final de sus vidas estas bellas personas, y son pocos los años que la disfrutamos, unos más que otros, no me puedo quejar, disfrute varios veranos con ella incluso hasta bien pasada mi adolescencia, una más;  el día que llegue después de dos años de misionero en el sur de Chile, adivinen quien estaba esperando a pesar de sus años en la estación central, al borde del andén? 
Mi abuela Aida. 

Una fiel mujer que siempre se va a extrañar.

jueves, 14 de agosto de 2014

Un Nieto (a)



No puedo medir, no puedo saber si uno quiere más a un hijo o a un nieto, deberían ser dos asuntos distintos, muchas veces le pregunté a mi madre, cuál era su hijo preferido, aunque sabía que era yo, ja, la respuesta siempre fue la misma, se quieren a todos por igual, aunque sus últimas palabras, en su último respiro, según cuenta una enfermera que atendió en algo su agonía, fueron para mi hermano Pablo, ella sentía en su corazón la final esencia de una madre, a la cual todas están de acuerdo; siempre se tiene un amor especial, distinto, por el más vulnerable.

Es la cuota de lo alto que lleva una madre, un principio, una dádiva  que se le otorgó, aquella suprema debilidad de proteger a quien lo necesita.
Pero bueno, ¿a quién se quiere más?

Los nietos son un regalo.

Sin embargo la primera vez que tuve en mis brazos a un hijo, créanme, es la imagen, el instante único de la dicha plena.  Aunque me casé y me sigo casando con hijos en clausulas anexas al matrimonio, lo cual es muy gratificante para mí, ser padre sigue siendo una responsabilidad enorme de la cual infinitas veces fallamos, es bueno que los hijos al final puedan recordar en su corazón solo lo bueno de un padre, nos conviene.
Pero un nieto (a)…

Pero un nieto es una semilla prestada a la cual solo estamos llamados a darle amor, el crecimiento, el agua, el abono, el sol, el cambio de tierra y la energía corre por cuenta de sus padres (nuestros hijos), uno solo disfruta los nietos.  No me equivoco  al decir, al vivir y sentir mucho del sufrimiento de mi propia vieja, no existe asunto más fuerte o doloroso para una madre cuando sus hijos por distintas razones se alejan.
 La mía vio partir  a sus hijos, misión, matrimonio, estudios, largos viajes sin retorno, etc. Ver en su fuero más interno que nunca lo supera, nadie le dio la única la única fortaleza de la cual carece: ver partir a un hijo.

Para eso llegan los nietos, para dar consuelo, por esto ahora entiendo el amor profundo de doña Ana por sus nietos, es y será un consuelo hermoso, me decía; Cristian Pinilla me llevo a mi kukallita (nieta) por el fin de semana, -vaya por su “ropita”

En fin, es lo que puedo decir, los nietos son un gran consuelo, especialmente de aquello que no pudiste dar a tus hijos a tiempo; espacio, acercamiento, solo amor, todo aquello que ahora se puede entregar a un NIETO.