martes, 3 de junio de 2014

Mi abrigo de cuero negro

(coloque el vídeo y después lee, gracias )

Los inviernos de los setenta tenían algo diferente, la lluvia, el frío, las calles, las avenidas totalmente mojadas, la atmósfera especial de los meses de Junio y Julio en Santiago de 1977.

Por alguna razón que no entiendo, guardo un recuerdo en mi mente que los años no han podido borrar, es un evento simple, cotidiano, tal vez de una significancia pequeña, puede ser que la mirada de amor que mi madre me entrego, sea la única explicación que con los años reconozco.

 En un par de segundos determinó el sello y dejó un sentimiento cálido que es difícil de olvidar,  alojándose en lo más recóndito del alma.

Es mi Padre que junto a mi vieja nos lleva a una tienda cerca de Franklin, aquel invierno estaba un poco más frió que de costumbre, es mi primer año en la secundaria, se hacía absolutamente necesario un abrigo.


Recorrimos varias tiendas, la lluvia daba la razón a la compra, al final de la tarde el escogido fue un abrigo de cuero negro, pienso que no fue la mejor compra, pero no tenía el suficiente talante para decir que mi preferido era otro, solo que estaba lejos del alcance del bolsillo aquel día, pensándolo bien, el abrigo estaba elegante, pero los jóvenes tienen cierta tendencia a imitar a los demás jóvenes, el asunto es llegar con un atuendo de invierno diferente, un abrigo largo y de cuero, creo, no era tan popular, sin embargo, era lo suficientemente “calentito” y no estaba en condiciones de exigir algo mejor o al menos “a la moda”, no era mi estilo, siempre aprecie cualquier esfuerzo de mis Padres, que con mucho sacrificio suplían nuestras necesidades.

Mi vieja me vio y dijo; “te queda bonito hijo…” -gracias mama-

En ese momento vi, con profundo sentido su mirada, es aquí cuando reconocí el sentimiento que existe en sus palabras, por muchas días se quedó aquella imagen en mi mente, terminamos de disfrutar la tarde, unos completos en el mismo barrio, la lluvia seguía cayendo en la capital...

Pase un invierno feliz con mi nuevo abrigo de cuero negro.

También fue el año de mi primer enamoramiento juvenil, no pregunten el nombre, pero si una canción de Kiss, Beth, que la escucho y me lleva por aquellos rincones de la nostalgia.
Por esta y muchas razones, la lluvia, que es lo único que sigue conmigo, es una sagrada imagen que disfruto plenamente y por supuesto estos acordes del recuerdo.