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| El Abuelo Oscar |
Llegamos a los nuevos departamentos de la Fach en Marzo de 1969, con mis dos hermanos de 3 y 6 años, allí se gestó nuestra hermosa infancia, mis primeros amigos, las novias estilo princesas de Disney, (siempre mi mente estaba divagando en las estrellas, buscando una explicación a los sentimientos de amor prematuro) no tenga tanta conciencia del mundo global que nos rodeaba, sin embargo ocurrieron hechos que traspasaron todos las nimiedades de aquel año: la llegada del Hombre a la Luna y la bien consabida frase de un tal Armstrong ;
"Un pequeño paso para el hombre un gran salto para la Humanidad"
El único salto mas consciente en mi mente era que habíamos dejado nuestra casa anterior rumbo a un nuevo barrio, dejaba mi antigua comuna y llegaba el tiempo de despedirme para siempre de ella con el titulo pegado en mi frente de; "pre-adolescente"
A finales del año 1976 no fue fácil, a mis 14 años tantos amigos, experiencias, lugares, novia, dificultades, miedos, crecimiento y pesares.
Estábamos dando otro gran salto, ahora llegábamos a la naciente comuna de La Florida.
En mi paso el 2012 por Chile, visite la casa, algo que toco el corazón es como se había generado un cambio tan grande en 35 años, estaba en un lugar que ya no era el mismo, la entrada de la civilización en los nuevos barrios, edificios, escuelas, y la inmensa maquinaria de los nuevos tiempos habían sepultado la comuna que yo conocí tantos años atrás, todo había cambiado, no solamente nosotros.
Un lugar que por su hermosa naturaleza y paz interior, me toco profundamente el corazón, estaba ubicado a unos 15 minutos hacia el cerro, cerca muy cerca de nuestra casa, el seminario católico de Lo Cañas, infundo en mi una inexplicable sensación espiritual, no podía entender porque me sentía tan bien en medio de los santos, los parajes verdes, la luminosidad de las salas, disfrutaba todo los domingo asistir a las reuniones, mas de alguna vez me paso por la mente hablar con el párroco y explicar mis sentimientos, sin embargo preferí callar, y solo disfrutar el momento, con los años encontraría las respuestas.
Un dia de Septiembre nos visito mi abuelo Oscar, los que conocimos al abuelo, el tenia ciertas características muy particulares, sus manos en los bolsillos dando vuelta las monedas con el el sonido de fondo, sus cariñosas caricias algo bruscas de sus manos un tanto "pesadas", la sonrisa socarrona de niño travieso, y el bien conocido atributo de devorador de caminos, por algo su apodo; "el correcaminos" y su frase favorita: "venga mi huacho".
Con mi Padre nos dispusimos a visitar un viñedo que estaba un poco mas arriba del Seminario de Lo Cañas. Es hermoso pensar que muchas actividades de aquellos días, se hacian caminando, no existía vehículo ni locomoción colectiva, el único bus disponible en aquella época " La Diligencia" el 41 pasaba escasamente cada tres horas, entonces surgía la conversación, las anécdotas los chistes, la comunicación que llenaba mis pulmones de una dicha sin igual, escuchar a mi viejo a mi abuelo, caminando por dos horas no tenia precio. Llegamos al lugar, nos atendió un lugareño, nos dieron un par de botellas de vino delicioso, deguste un vaso, previa mirada y aprobación de mi viejo. Creo recordar el sabor de ese vino tinto, pero mas recuerdo la caminata con aquellos hombres tan importantes en mi vida, regresamos cuando la tarde ya se disponía a dejarnos en el gran Santiago. No pude ir en el 2012 ni al Seminario ni al viñedo, tal vez ya no existían, ahora solo casas y mas casas, edificios, ya no era el verde, el color que engrandecía el paisaje se estaba despidiendo.
Con mi Padre nos dispusimos a visitar un viñedo que estaba un poco mas arriba del Seminario de Lo Cañas. Es hermoso pensar que muchas actividades de aquellos días, se hacian caminando, no existía vehículo ni locomoción colectiva, el único bus disponible en aquella época " La Diligencia" el 41 pasaba escasamente cada tres horas, entonces surgía la conversación, las anécdotas los chistes, la comunicación que llenaba mis pulmones de una dicha sin igual, escuchar a mi viejo a mi abuelo, caminando por dos horas no tenia precio. Llegamos al lugar, nos atendió un lugareño, nos dieron un par de botellas de vino delicioso, deguste un vaso, previa mirada y aprobación de mi viejo. Creo recordar el sabor de ese vino tinto, pero mas recuerdo la caminata con aquellos hombres tan importantes en mi vida, regresamos cuando la tarde ya se disponía a dejarnos en el gran Santiago. No pude ir en el 2012 ni al Seminario ni al viñedo, tal vez ya no existían, ahora solo casas y mas casas, edificios, ya no era el verde, el color que engrandecía el paisaje se estaba despidiendo.
Nuestros saltos en la vida nos empezaron alejar de todos estos lugares, mis hermanos y yo somos una especie de familia Nómada, unos Beduinos en el desierto de la vida. Los grandes saltos nos han llevado al otro extremo del continente, dejamos atrás familia y recuerdos inolvidables, tenemos hijos, nietos que ahora son parte de otra tierra, espero que alguien les cuente de nuestras experiencias en lo que fue alguna vez nuestra tierra, pero principalmente quienes fueron esos grandes hombres que nos ayudaron a dar saltos, pequeños y grandes en la vida.



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