sábado, 11 de enero de 2014

Llanto y miradas de odio

Mi Nieto NYC 2010


-Llorando, llorando la noche avanza, son casi las tres de la mañana, la nieve en su danza de pureza aquieta el corazón marchitado, los sentimientos se confunden, mientras el frío hace que el cuerpo debilitado congele el llanto en la soledad de mi trabajo.

¿Es justo descender hasta el último peldaño de esta sociedad?

Yo siento que las miradas son tan distintas.

Tenemos el sueño Americano tan incrustado en nuestros cuerpos, que el esfuerzo solitario de todas las noches de marzo en Utah, no significa nada,  ni tampoco ser golpeado con su heladas caricias blancas alguna afrenta indolente de la naturaleza humana.

Las miradas hablan, y se incrustan como espinas en el alma del día a día.  El inmigrante suele ser un animal solitario, se sufre solo, lleva el dolor como insignia en el pecho.

-Un sueño es un motor de largo alcance, son alas de mariposa multicolores que con afán buscan su meta. La mía, la de mis hijos; ¡sobrevivir!, y en algún momento entender por qué dejamos nuestra tierra, nuestros cómodos trabajos, nuestros padres y hermanos.

¡Existen las cosas justas de la vida para aquellos que lo sacrifican todo¡ aun la estima se va deteriorando.

Instalo la alarma del Banco…2…4…5…2, tengo diez segundos para coger las llaves, cerrar la puerta principal y la mampara de entrada.

Ya se han secado las lágrimas, la muerte de una madre a 4000 mil kilómetros de distancia abre cualquier puerta cerrada, el dolor se debe descargar, un grito, un sollozo es la seña al cuerpo, el aviso; se debe continuar.

Hace tan bien llorar en silencio y serena soledad.
Es el llanto íntimo del alma, aquel que sujeta los dolores al cuerpo y los convierte en nuestro; "aceite del motor"

Los sueños y la esperanza tienen la grandeza de sobrellevar hasta el más frío, encumbrado y largo desafío por vencer en esta nueva tierra.



No hay comentarios:

Publicar un comentario