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| Mi Nieto NYC 2010 |
-Llorando, llorando la noche avanza, son casi las tres de la mañana, la nieve en su danza de pureza aquieta el corazón marchitado, los sentimientos se confunden, mientras el frío hace que el cuerpo debilitado congele el llanto en la soledad de mi trabajo.
¿Es justo descender hasta el último
peldaño de esta sociedad?
Yo siento que las miradas son tan
distintas.
Tenemos el sueño Americano tan incrustado
en nuestros cuerpos, que el esfuerzo solitario de todas las noches de marzo en
Utah, no significa nada, ni tampoco ser
golpeado con su heladas caricias blancas alguna afrenta indolente de la
naturaleza humana.
Las miradas hablan, y se incrustan como
espinas en el alma del día a día. El
inmigrante suele ser un animal solitario, se sufre solo, lleva el dolor como
insignia en el pecho.
-Un sueño es un motor de largo alcance,
son alas de mariposa multicolores que con afán buscan su meta. La mía, la de
mis hijos; ¡sobrevivir!, y en algún momento entender por qué dejamos nuestra
tierra, nuestros cómodos trabajos, nuestros padres y hermanos.
¡Existen las cosas justas de la vida para
aquellos que lo sacrifican todo¡ aun la estima se va deteriorando.
Instalo la alarma del Banco…2…4…5…2,
tengo diez segundos para coger las llaves, cerrar la puerta principal y la
mampara de entrada.
Ya se han secado las lágrimas, la muerte
de una madre a 4000 mil kilómetros de distancia abre cualquier puerta cerrada, el
dolor se debe descargar, un grito, un sollozo es la seña al cuerpo, el aviso;
se debe continuar.
Hace tan bien llorar en silencio y serena
soledad.
Es el llanto íntimo del alma, aquel que
sujeta los dolores al cuerpo y los convierte en nuestro; "aceite del motor"
Los
sueños y la esperanza tienen la grandeza de sobrellevar hasta el más frío,
encumbrado y largo desafío por vencer en esta nueva tierra.

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