jueves, 14 de agosto de 2014

Un Nieto (a)



No puedo medir, no puedo saber si uno quiere más a un hijo o a un nieto, deberían ser dos asuntos distintos, muchas veces le pregunté a mi madre, cuál era su hijo preferido, aunque sabía que era yo, ja, la respuesta siempre fue la misma, se quieren a todos por igual, aunque sus últimas palabras, en su último respiro, según cuenta una enfermera que atendió en algo su agonía, fueron para mi hermano Pablo, ella sentía en su corazón la final esencia de una madre, a la cual todas están de acuerdo; siempre se tiene un amor especial, distinto, por el más vulnerable.

Es la cuota de lo alto que lleva una madre, un principio, una dádiva  que se le otorgó, aquella suprema debilidad de proteger a quien lo necesita.
Pero bueno, ¿a quién se quiere más?

Los nietos son un regalo.

Sin embargo la primera vez que tuve en mis brazos a un hijo, créanme, es la imagen, el instante único de la dicha plena.  Aunque me casé y me sigo casando con hijos en clausulas anexas al matrimonio, lo cual es muy gratificante para mí, ser padre sigue siendo una responsabilidad enorme de la cual infinitas veces fallamos, es bueno que los hijos al final puedan recordar en su corazón solo lo bueno de un padre, nos conviene.
Pero un nieto (a)…

Pero un nieto es una semilla prestada a la cual solo estamos llamados a darle amor, el crecimiento, el agua, el abono, el sol, el cambio de tierra y la energía corre por cuenta de sus padres (nuestros hijos), uno solo disfruta los nietos.  No me equivoco  al decir, al vivir y sentir mucho del sufrimiento de mi propia vieja, no existe asunto más fuerte o doloroso para una madre cuando sus hijos por distintas razones se alejan.
 La mía vio partir  a sus hijos, misión, matrimonio, estudios, largos viajes sin retorno, etc. Ver en su fuero más interno que nunca lo supera, nadie le dio la única la única fortaleza de la cual carece: ver partir a un hijo.

Para eso llegan los nietos, para dar consuelo, por esto ahora entiendo el amor profundo de doña Ana por sus nietos, es y será un consuelo hermoso, me decía; Cristian Pinilla me llevo a mi kukallita (nieta) por el fin de semana, -vaya por su “ropita”

En fin, es lo que puedo decir, los nietos son un gran consuelo, especialmente de aquello que no pudiste dar a tus hijos a tiempo; espacio, acercamiento, solo amor, todo aquello que ahora se puede entregar a un NIETO.

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