martes, 4 de noviembre de 2014

Una "llamadita" a la semana



Usted sabe lo que significa una llamada a la semana; es aprecio, cariño, hermandad, traer a nuestras vidas a nuestra madre que ya nos dejó hace catorce años, las llamadas son algo de la esencia de la vieja, no tengo dudas que ella es parte de nuestras amenas charlas, las que no fueron tan frecuente en su vida. ( yo le recuerdo a su taita y usted me recuerda a la vieja) 

Significa matar nuestras soledades, especialmente aquellos vacíos que hacen mella en el corazón de un inmigrante, yo no sé si se ama tanto a la patria estando lejos, pero puedo sentir que existe consuelo y se llena mutuamente un trozo o parte del corazón al compartir nuestras dichas y dolores.

Significa que las distancias de lugar y tiempo se aniquilan tan solo con escuchar la voz y el típico saludo acostumbrado que ya es familiar; “ciriiiiiiiiiiiiiiiiii”…

Es tan irónico las vueltas de la vida que yo no pueda entrar por un tiempo y usted no pueda salir, se dan estas separaciones forzadas que en el pasado uno no adivina, tal vez hubiéramos tomado otras decisiones pero quien le dobla la mano a lo que ya ocurrió, entonces si tenemos a nuestra familia al alcance de la mano, vale la pena ser un poco ciego con las diferencias  y fortalecer el amor.

Las llamadas significan un alivio a nuestros estados de ánimo, nadie podrá decir que no sufrimos, cual más cual menos, tenemos nuestras miserias psicológicas, desánimos, apatías, grandes diferencias hasta bipolaridad en las relaciones familiares, cargamos en nuestros hombros  muchos dolores difíciles de llevar. Cuando anoche compartía conmigo los últimos días de nuestra madre, sentí muy de cerca la contrariedad de aquellos momentos, es algo que pude revivir en mi mente a pesar de no estar ahí cuando todo aquello ocurrió y uno puede un poco expurgar aquel dolor.

Es cierto que muchas de nuestras conversaciones son triviales, no tienen tanta coherencia y a veces  suelen ser sin importancia, es el simple hecho de tener al otro lado del auricular un ser querido que te escucha y te extraña, eso tiene mucho más importancia y coherencia que cualquier conversación, que se puede hablar una o dos horas, detalles insignificantes, etc,  sin embargo, también surgen muchas palabras que nunca antes se dijeron, siempre nos ha dificultado expresar los sentimientos. 


Uno va por la vida extrañando a las personas que ya no tenemos, el mejor ejemplo es nuestra vieja. Por lo mismo nuestras decisiones deberían ir en relación a las personas que amamos y no por aquello material que nos hace falta, nuestras parejas en primer lugar, luego los hijos, los padre y el resto de la familia, en ese orden estoy en tercer lugar para usted, pero veo que nunca ha descuidado aquellas prioridades, sus llamadas son el reflejo de esto, cuando me comento años atrás, que había contratado una línea especial para llamar a su taita y a mí, me imaginé que eran los 40 dólares mensuales que menos le dolían gastar, lo suyo no es cuestión de dinero, nunca lo ha sido, y no me equivoco al decir que la recompensa de escuchar a su viejo y al que escribe (humildemente) es suficiente. 



Somos una familia de soledades, es cosas de mirar nuestro entorno familiar, los nuyorkinos, los colombianos, los utanos y los chilenos, necesitamos apoyarnos, escucharnos, descifrar la esencia del verdadero amor, algo que Ana Adasme no lo decía mucho en palabras sino con hechos, tal cual dice más o menos  el refrán;

“los hechos hablan más fuerte que las palabras”

 

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