Cuando regresé a mi patria después de diez años en el
extranjero, tenía que pagar una de tantas deudas sentidas en mi vida; visitar
la casa del poeta Pablo Neruda, hay ciertas emociones que tienen olor, gusto,
sabor y sentimiento de un pasado que nos
ha marcado, entre aquellas cosas invisibles que hacen un surco en el corazón, están
los recuerdos de mis primeras lecturas del poeta,
sentir y disfrutar: en aquel momento que traspasaba el umbral de aquella casona al borde del cerro San Cristóbal, toda aquella inmensa y maravillosa admiración por su poética,
sentir y disfrutar: en aquel momento que traspasaba el umbral de aquella casona al borde del cerro San Cristóbal, toda aquella inmensa y maravillosa admiración por su poética,
descubrir que él; sí fue uno de carne y huesos como yo...
un mago de la palabra y el verso en los libros, que entre aquellas paredes quizás, se gestó tanta poesía como en aquella casa de sus primeros años en Maruri,
un mago de la palabra y el verso en los libros, que entre aquellas paredes quizás, se gestó tanta poesía como en aquella casa de sus primeros años en Maruri,
allí estaba
…
…
entremedio de toda su intimidad, entre libros que
sobrevivieron al golpe militar de 1973, los utensilios callados, las mesas, las
camas, los recuerdos, sus colecciones, que son muchas y diversas, mudos
testigos de aquel hombre que en sus versos les dio vida.
Todo enterrado en el recuerdo, la inmortal obra que nos dejó,
la del verbo ensangrentado, la del adjetivo afilado, que entregó “como un río de tigres encerrados”, es
simple y llanamente la palabra sin edad que guardo de un genio estelar sin
tiempo ni olvido.
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