sábado, 6 de septiembre de 2014

Mi visita a la Chascona


Cuando regresé a mi patria después de diez años en el extranjero, tenía que pagar una de tantas deudas sentidas en mi vida; visitar la casa del poeta Pablo Neruda, hay ciertas emociones que tienen olor, gusto, sabor  y sentimiento de un pasado que nos ha marcado, entre aquellas cosas invisibles que hacen un surco en el corazón, están los recuerdos de mis primeras lecturas del poeta, 

sentir y disfrutar: en aquel momento que traspasaba el umbral de aquella casona al borde del cerro San Cristóbal, toda aquella inmensa y maravillosa admiración por su poética,
descubrir que él; sí fue uno de carne y huesos como yo...

un mago de la palabra y el verso en los libros, que entre aquellas paredes quizás, se gestó tanta poesía como en aquella casa de sus primeros años en Maruri,

allí estaba
entremedio de toda su intimidad, entre libros que sobrevivieron al golpe militar de 1973, los utensilios callados, las mesas, las camas, los recuerdos, sus colecciones, que son muchas y diversas, mudos testigos de aquel hombre que en sus versos les dio vida.


Todo enterrado en el recuerdo, la inmortal obra que nos dejó, la del verbo ensangrentado, la del adjetivo afilado, que entregó “como un río de tigres encerrados, es simple y llanamente la palabra sin edad que guardo de un genio estelar sin tiempo ni olvido.

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